¡Feliz Día de Canarias!

 

Hoy venimos a contarles una increíble historia de nuestra isla:

La leyenda de los menceyes es muy complicada de aclarar. Pocos datos, muchas versiones y nombres para los mismos personajes históricos; y siglos de diferencia nos separan para esclarecer todo esto… pero lo que sí podemos sacar de todo esto es que hubo un Gran Rey. Que tuvo diez hijos y que existieron nueve reinos y un reino menor. Que cayeron en una lucha que exterminó nuestra historia y cultura aborigen. Pero que lucharon con orgullo y valentía por salvarla, aunque no lo consiguieron. Aquí le dejamos su leyenda, su historia, para que sirva de recuerdo a ellos. A los últimos guerreros que dieron su vida por nuestra raza canaria.

Cuenta la leyenda…

…que el último Rey absoluto o unitario fue Tinerfe, apodado «El Grande», y su nombre sería utilizado para rebautizar la isla de Achinech, tras la llegada de los castellanos, llegando a nuestros días bajo el nombre de Tenerife.

Tinerfe tuvo 10 hijos durante su mandato. Nueve hijos de una misma mujer y el décimo de otra ajena a su matrimonio.

Tras la muerte de Tinerfe El Grande, cada uno de sus hijos legítimos se alzó con la parte que pudo. Entre si se conformaron y la repartieron; y de un reino que era la isla, sería dividida en nueve partes, siendo los primeros nueve menceyes los siguientes:

ABONA – Atguaxoña
ADEJE – Atbitocazpe
ANAGA – Beneharo I
DAUTE – Caconaimo
GÜÍMAR – Acaymo
ICOD – Chincanairo
TACORONTE – Rumen
TAORO – Betzenuhya
TEGUESTE – Tegueste I

Betzenuhya sería el único que seguiría los pasos de su padre Tinerfe. El único que conseguiría mantener la unión y la Paz en la isla, pues al ser el primogénito del rey único, siempre tuvo preeminencia entre todos. Teniendo la consideración de gran rey.

En un capítulo aparte estaba Aguahuco (también se le ha llamado Tinguaro o Chimechia)… el hijo bastardo de Tinerfe. Sería el hermanastro y no recibiría ningún menceyato ni herencia de ningún tipo, pero sería el hermano preferido de Betzenuhya. Lo trataría como si fuese un Mencey, aunque en realidad fue conocido como Achimencey, que en castellano quería decir «hidalgo pobre».

En 1494, año en que Alonso Fernandez de Lugo inició la conquista de Tenerife. La isla ya estaba dividida en nueve reinos gobernados por menceyes. Había pasado aproximadamente un siglo desde ello. Los nueve menceyes eran la máxima autoridad civil, religiosa y militar en la región en la que gobernaban.

En el municipio de Candelaria, junto a la Plaza de la Patrona de Canarias, se encuentran nueve esculturas de bronce. Representando a cada uno de los menceyes de estos nueve reinos, y que eran descendientes de los primeros menceyes.

Acaymo, Mencey de Tacoronte. Acaymo gobernaba en el menceyato de Tacoronte, en el norte de Tenerife. Ocupaba los actuales municipios de Tacoronte, La Matanza de Acentejo y El Sauzal. Según el historiador Antonio de Viana, Acaymo había estado en guerra con el Mencey Bencomo. Pero hicieron las paces poco antes de la llegada de los conquistadores.

Adjona, Mencey de Abona. La región sobre la que gobernaba Adjona era el extenso menceyato de Abona, situado al sur de Tenerife. Ocupaba los territorios que hoy son los municipios de Fasnia, Arico, Granadilla de Abona, San Miguel y Vilaflor, con aproximadamente 420 km2 de superficie. Adjona fue uno de los menceyes que pactó con Alonso Fernández de Lugo durante su primer desembarco.

Añaterve, Mencey de Güímar. Añaterve fue el primer mencey en pactar con los conquistadores a través del gobernador de Gran Canaria, Pedro de Vera. Su territorio ocupaba los actuales municipios de El Rosario, Candelaria, Arafo y Güímar. Así como parte de Santa Cruz de Tenerife y La Laguna.

Bencomo, Mencey de Taoro. Durante la conquista, el menceyato de Taoro estaba gobernado por Bencomo. Desde su territorio, que ocupaba la Villa de La Orotava, La Victoria de Acentejo, Santa Úrsula, Puerto de la Cruz, Los Realejos y San Juan de la Rambla. Lideró las fuerzas aborígenes que se opusieron a la invasión castellana, lo que le valió el sobrenombre de Rey Grande.
Falleció durante la Batalla de Aguere, frente a las tropas de Alonso Fernández de Lugo.
Su hijo Bentor le sucedió como mencey e ilustró, con su trágica historia, la fatalidad que supuso la conquista para el pueblo guanche. Al verse derrotado por los españoles tras la batalla de la Victoria de Acentejo, se lanzó al vacío desde lo alto del barranco de Tigaiga, en el municipio de Los Realejos. Actualmente se le recuerda con una escultura ubicada en el mirador de El Lance.
Otra de las hijas de Bencomo, la princesa Dácil, se enamoró del capitán español Fernán García del Castillo, con quien llegó a casarse. Después de que otro guanche la denunciara por haberse encontrado a solas con el castellano. Bencomo condenó a su propia hija a morir emparedada. Dácil consiguió liberarse al demostrar que habían existido testigos en dicho encuentro. Por lo que contrajo matrimonio y pasó a llamarse Mencías del Castillo tras su bautizo.

Beneharo, Mencey de Anaga. El mencey Beneharo, a través de un pacto con Alonso Fernández de Lugo, se mantuvo neutral durante los años en los que duró la conquista de Tenerife. Sus tierras ocupaban gran parte del macizo de Anaga.

Pelicar, Mencey de Icod. El menceyato de Icod ocupaba los actuales municipios de La Guancha, Icod de los Vinos y el Tanque, además de parte de Garachico. Bajo el mando de Pelicar fue incluido en los bandos de guerra hasta que se rindieron en 1496, tras la batalla de la Victoria de Acentejo.

Pelinor, Mencey de Adeje. Al inicio de la conquista, el mencey Pelinor pactó con Alonso Fernández de Lugo, por lo que fue recompensado posteriormente con terrenos en Masca y en Santiago del Teide. Su menceyato ocupaba 180 km2 de los actuales municipios de Adeje, Guía de Isora, Santiago del Teide y parte de Arona.

Romen, Mencey de Daute: El menceyato de Daute ocupaba, en el siglo XV, los actuales términos municipales de Buenavista del Norte, Los Silos y parte de Garachico. Romen fue uno de los menceyes que se enfrentó al ejército invasor durante la conquista.
Tegueste (II, III, IV) Mencey de Tegueste: Este menceyato ocupaba los actuales Tegueste y gran parte de San Cristóbal de La Laguna. Su Mencey, que compartía nombre con la región que gobernaba, se opuso con fiereza a la invasión castellana, y llegó a participar en la batalla de La Laguna.

 

Datos curiosos de la leyenda:

– Aguahuco, Tinguaro o Chimechia… no recibió ningún menceyato porque no era Mencey y ya administraba un territorio al norte de la isla y que había sido designado directamente por su padre, Tinerfe el Grande. Ese territorio le fue dado porque nadie lo quería dada su orografía abrupta que dificultaba el cultivar los cereales. Fue un territorio independiente al resto de los menceyatos, excepto del menceyato de Tegueste, con el que mantenía cierta dependencia. Posiblemente el nombre guanche del achimenceyato fuese Adaar, siendo conocido después por los invasores por el patronímico de su regente, llegando a nuestros días bajo la denominación de Punta del Hidalgo.

– Los nombres que aparecen con seguridad en los escritos históricos son el de Bencomo como Mencey de Taoro y de su hijo Bentor, siguiente Mencey en la dinastía; del resto de nombres de menceyes en el momento de la conquista son suposiciones o creaciones literarias, pero si se han aceptado históricamente cuatro de los nueve nombres de los primeros menceyes: Acaymo, Atguaxoña, Atbitozape y Betzenuhya. Esto pasó porque cada reino admiraba casi divinamente a su primer Mencey, por eso cada mencey juraba el cargo sobre un hueso del más antiguo de su linaje. Por todo ello, se podría decir que los menceyatos tuvieron más de dos reyes entre la creación de los mismos y el inicio de la conquista de la isla en 1494.

– En el momento de la conquista, los menceyatos se dividieron entre aquellos cuyos menceyes pactaron una alianza con los conquistadores, llamados bandos de paces —Abona, Adeje, Anaga y Güímar—, y los que se opusieron a la invasión, denominados bandos de guerra —Daute, Icod, Tacoronte, Taoro y Tegueste